Si empezamos este artículo “diciéndote” que el pie es una proeza de la “ingeniería de la naturaleza” lo más seguro es que de entrada no te lo creas, pero si te paras un segundo a pensar en ello te darás cuenta que los 26 huesos que forman cada pie -un octavo del resto del cuerpo- están colocados de forma estratégica para mantener, impulsar y proteger todo el organismo. Sin embargo, y a pesar de su importancia, son una de las partes más olvidadas del cuerpo, provocando que entre el 75 y el 80 por ciento de la población adulta presente algún problema en los pies. En la mayoría de los casos, esas lesiones podrían haberse evitado prestándole un poco más de atención, especialmente durante la infancia. El cuidado de los pies, al igual que el cuidado de los dientes, debe iniciarse justo al nacer. Y usamos esta comparación por extraña que pueda parecer porque solemos desentendernos de ellos hasta que no tenemos síntomas de que algo no va bien; y al no estar totalmente formadas tendemos a pensar que no requieren atención. ¡ERROR!

¿Cómo se desarrollan los pies de un bebé?

Los pies de un bebé son completamente diferentes a los de un adulto, son más anchos en la parte delantera y más estrechos en el talón, los dedos están curvados y son de cartílago; no se tienen realmente huesos en los pies hasta los 7-8 años. Su desarrollo no se completa hasta la adolescencia. Durante los primeros años de vida es necesario dejar que los pies crezcan de forma natural para lo cual es de gran ayuda que los bebés estén descalzos y cuando empiecen a caminar también lo hagan descalzos para fortalecer los músculos de los pies y las piernas; y en su defecto, lo hagan siempre con zapatos, zapatillas, calcetines, pijamas de una pieza, patucos, del tamaño apropiado para evitar presiones. Hay que tener en cuenta que durante las primeras etapas de las vida los pies no son una zona especialmente sensible, por lo que es habitual que los niños no protesten aunque haya algo que les debiera causar molestias. Así que, es aconsejable revisarles los pies de forma periódica, por ejemplo antes o después del baño; buen momento, también, para cortar las uñas evitando los bordes redondeados.

¿Cómo deben ser los primeros calzados?

  • De piel suave;
  • Amplios para permitir libertad de movimientos y una correcta articulación de los dedos;
  • Con empeine de piel muy blanda;
  • Con suela flexible y antideslizante;
  • Con contrafuerte firme para estabilizar el talón y evitar el riesgo de torsiones laterales;
  • La altura no debe superar los huesos del tobillo para permitir el libre movimiento de la articulación del tobillo;
  • No deben ser zapatos usados para evitar deformidades.

Signos de alarma

Cuando los niños comienzan a caminar a veces meten los pies o parece que tienen los pies planos. Si bien inicialmente puede ser algo normal y nada alarmante porque lo hacen para tener mayor estabilidad, es conveniente vigilar ese comportamiento, y si persiste consultar con el podólogo. Debe ser el especialista quien valore la necesidad de incorporar al zapato una plantilla o la necesidad de realizar ejercicios correctores. Como comentábamos antes, dada la elevada flexibilidad del pie y la falta de sensibilidad, que el niño no se queje no es un síntoma fiable, por lo que hay que prestar atención a posibles quejas o dolor en las rodillas, en las piernas, en la columna, e incluso al desgaste anormal o excesivo de la suela de los zapatos. Insistimos en la importancia de observar el desarrollo y el ritmo de crecimiento de los pies, la pisada al andar y la estructura relativamente correcta de piernas, rodillas ,tobillos y pies, pero también la forma de correr y saltar, porque muchos de los problemas de los pies adultos tienen su origen en la infancia y están presentes al nacer o aparecen durante los primeros años de vida. El cuidado regular de los pies puede minimizar y evitar esos problemas en la vida adulta y, además, la mejor edad para la corrección de alteraciones funcionales de los pies es a los tres años.

Ayudar a los niños a tener unos pies sanos, es ayudarles a ser un poco más felices en la edad adulta.